Esperé unos segundos hasta que el líquido oscuro llenara mi vaso y luego bebí un sorbo.
Qué refrescante era un vaso de té helado en un día de verano. Agobiante, pesado. Así era todo el verano en la pequeña casucha en la que vivíamos. Ni si quiera estar descalza sobre la cerámica fría y estar usando shorts y una simple camiseta corta y holgada disminuían un poco el calor.
Amarré mi cabello en una coleta un poco suelta -aunque no tenía muchas ganas de hacer nada, así que la dejé así- y caminé entre la sala de estar, el comedor y mi dormitorio bebiendo a sorbitos mi té helado. La casa era aburrida y tediosa cuando mis padres estaban trabajando, que era prácticamente siempre, y lo más probable era que Justin estuviera trabajando, así que no tenía mucho que hacer más que sentarme a esperar por la lluvia.
Y no lo digo sarcásticamente. En plena sequía nos vendría bien un poco de agua. Las casuchas de East Ove se ven aún más desérticas con el césped quemado y marchito.
Sólo puedo imaginar cómo se encuentra Justin ahora. En su traje de corbata y camisa, usando zapatos de vestir en vez de estar conmigo, usando unos shorts y unas zapatillas -aunque estaríamos haciendo lo mismo que hago ahora, o sea, nada, pero estaríamos juntos.
Qué jodido es tener diecinueve años, perder a tu padre y tener que manejar la compañía familiar.
Además, Justin odia los bancos.
El invierno pasado perdió a su padre, y sí, estuvo muy mal, pero ni si quiera tuvo tiempo de pensar en su pérdida porque lo colocaron de inmediato a la cabeza del banco de East Ove, antiguamente manejado por su dueño, el señor Bieber.
Y bueno, podía haber tenido un nombre ridículo como Clarimiro, y todo el mundo le seguiría respetando y llamándole señor Bieber.
Era un hombre muy serio, uno se puede imaginar.
Me pasé todo el día vagando por la casa, ordenando y jugando con el gato que ocasionalmente viene a visitarnos -bueno, más bien le di de comer y creo que me agradeció con un bufido, pero aún así.
El sol recién se había puesto cuando escuché que tocaban a la puerta.
Primero me asusté. Porque bueno, soy peor que un nene miedoso, así que decidí esperar a que mis visitantes desistieran y se fueran pero no fue así.
Tocaron de nuevo, repetida e insistentemente, y no me quedó otra opción que levantarme e ir a abrir la puerta. Odiaba hacer esas cosas. Odiaba tener que dar la cara por mi familia en pequeñeces de cada día cuando llegaba el correo, o querían vendernos algo o llamaban del banco preguntando por mis padres. Odiaba tener que ser la pequeña niña de casa.
Abrí la puerta y me encontré con unos ojos marrones llenos de desesperación.
Primero me asusté. Porque bueno, soy peor que un nene miedoso, así que decidí esperar a que mis visitantes desistieran y se fueran pero no fue así.
Tocaron de nuevo, repetida e insistentemente, y no me quedó otra opción que levantarme e ir a abrir la puerta. Odiaba hacer esas cosas. Odiaba tener que dar la cara por mi familia en pequeñeces de cada día cuando llegaba el correo, o querían vendernos algo o llamaban del banco preguntando por mis padres. Odiaba tener que ser la pequeña niña de casa.
Abrí la puerta y me encontré con unos ojos marrones llenos de desesperación.
-_____________.
-Justin.
-Justin.
Me tomó por los hombros y me hizo entrar. Cuando me sentó en el sillón de la sala de estar me dijo:
-Escucha, no tenemos mucho tiempo.
-¿De qué hablas?
-Me persiguen, ______________. Y temo que te haya puesto en peligro.
-Justin, explicate -Su actitud tan extraña me estaba preocupando .
-¡Demonios! -Exclamó poniéndose de pie-. ¿Por qué he hecho esto?
-¡No es gracioso, Justin! ¡Dime de qué hablas!
-Vale escúchame -Se sentó frente a mí-. Debes huir. Tú y tu familia, deben huir. Los he puesto en peligro. Ha sido todo mi culpa, ¿vale? Tienen que empezar de nuevo. He comprado unos boletos de tren para ustedes, haz las maletas y apenas lleguen tus padres se van y empiezan una nueva vida, con nombres nuevos y sin mí. No me conocen, ¿vale? No pueden conocerme -Debe haber notado mi cara de terror, porque agregó;- No pueden conocerme, porque si lo hacen, los matarán.
-¿De qué hablas?
-Me persiguen, ______________. Y temo que te haya puesto en peligro.
-Justin, explicate -Su actitud tan extraña me estaba preocupando .
-¡Demonios! -Exclamó poniéndose de pie-. ¿Por qué he hecho esto?
-¡No es gracioso, Justin! ¡Dime de qué hablas!
-Vale escúchame -Se sentó frente a mí-. Debes huir. Tú y tu familia, deben huir. Los he puesto en peligro. Ha sido todo mi culpa, ¿vale? Tienen que empezar de nuevo. He comprado unos boletos de tren para ustedes, haz las maletas y apenas lleguen tus padres se van y empiezan una nueva vida, con nombres nuevos y sin mí. No me conocen, ¿vale? No pueden conocerme -Debe haber notado mi cara de terror, porque agregó;- No pueden conocerme, porque si lo hacen, los matarán.
Y ahí nos quedamos. No puede haber sido más que una fracción de segundo, pero juro que ese momento fue eterno. El momento donde entendí que planeaba dejarme, y yo no lo soportaría.
-Vamos a dejar los boletos acá -Le dije-, y yo me voy contigo.
-De ninguna manera.
-Justin, en ningún lugar estaré más segura que contigo. Mis padres huirán, lo harán sin mi. Les será más fácil, incluso. Les dolerá, sí, pero yo voy a estar mejor sin tí.
-__________ no tenemos tiempo para discutir esto.
-Sabes que tengo razón y quieres que vaya contigo tanto como yo lo hago.
-Pero no puedes venir conmigo, cabeza dura.
-Voy a hacer las maletas. Y en el viaje me explicarás todo.
-De ninguna manera.
-Justin, en ningún lugar estaré más segura que contigo. Mis padres huirán, lo harán sin mi. Les será más fácil, incluso. Les dolerá, sí, pero yo voy a estar mejor sin tí.
-__________ no tenemos tiempo para discutir esto.
-Sabes que tengo razón y quieres que vaya contigo tanto como yo lo hago.
-Pero no puedes venir conmigo, cabeza dura.
-Voy a hacer las maletas. Y en el viaje me explicarás todo.
Así que así lo hice, tomé una vieja maleta guardada en mi clóset y comencé a colocarle dentro todo lo que encontré. Me abrigué con una gabardina que nunca había usado porque en East Ove no es necesario y luego de dejarles una nota a mis padres diciéndoles que tomaran los boletos, se fueran y que les llamaría explicándoles todo pero que DEBÍAN -y esta palabra la subrayé tres veces- irse, dejé la casa de mi infancia acompañada de Justin. Subimos a su auto y aunque estaba nerviosa, necesitaba oír su historia, y necesitaba oírla completa.

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